Mi admiración por Islandia

Soy mediterránea 100%. Mis raices combinan España e Italia. Amo el sol y la buena comida pero esta vez quiero contarles como he descubierto una conexión íntima con una cultura a la que no he tenido la suerte de conocer personalmente.

Reconozco que fue consciente de Islandia como país a partir de la música. Por supuesto Björk era tan diferente en su día como el país extraño a los ojos de los europeos del continente.

Poco a poco fui conociendo más sobre este pequeño gran país. Mi gran sorpresa fue descubrir al grupo Sigur Ros en el festival InEdit de Barcelona hacia el año 2008 ó 2009.

Lo reconozco, me fui fascinada del cine. Y todo por esto:

Os recomiendo con toda mi pasión que veáis este documental/gira que ha hecho Sigur Ros por todos los rincones de Islandia. Es una puerta de entrada, una rendija desde donde espiar a este especial país.

Si os enamora, como me pasó a mi, podéis comprar (o conseguirlo de alguna manera vaya) y disfrutar de más de 100 minutos de cultura islandesa en vivo. El documental se llama Heima.

A partir de esta peli me he hecho fan incondicional de esta banda, a las que tuve la suerte de ver en las dos oportunidades que han estado en Barcelona. Me encataría verles allí en su país, en uno de esos escenarios que salen en el documental.

Quizás este tema en particular es el que más me llega, el que toca mi fibra íntima, el que más me emociona aún sin comprender su letra:

Vaya, que os recomiendo con toda mi fibra que prestéis atención a la música islandesa pues tiene la magia de transportarnos aunque sea unos segundos a la intimidad de su cultura.

¿vosotros conocéis más grupos islandeses? ¿os han gustado los vídeos que os presento?

Besos!

 


La vuelta a los orígenes también en la cocina

Hace poco reflexionaba sobre la vuelta a las bases en la moda. Nada original ¿no? Es algo cíclico… hoy quiero pensar y repensar sobre lo mismo pero aplicado a la comida, a la cocina, a los productos que comemos diariamente.

¡es slow!

Hace tiempo me interesa el concepto de slow food y cada día que pasa me gusta más la idea de recuperar el tiempo para comer, como amante de disfrutar los momentos de la comida, esa idea tan mediterránea de compartir el placer de la buena comida y la charla, la sobremesa. Pero claro, vivo en sociedad, vivo en una gran ciudad, vivo con el ritmo “normal” urbanita…

Los ingredientes, lo más básico

Pero tengo mis pequeños “lujos” que me acercan, en la práctica, a esa idea de disfrutar la comida y el entorno. El primero: hace casi dos años que participo en la cada vez más extendida compra cooperativa directamente al productor local.

Ahora, como no, hay muchas marcas/cadenas que ofrecen “productos ecológicos”. Por supuesto se ha vuelto un negocio como cualquier otro. Pero no me refiero tanto a esto sino a la compra real al productor, al que puedes conocer, ir a verle, sabes qué produce y cuándo lo produce en el año… una opción “política” si se quiere.

Repartiendo la cesta de productores locales

Siento que estamos volviendo al pasado, no tan lejano, cuando la gente vivía en el campo y sabía que comía e intercambiaba sus productos por otros con el vecino.

Ahora lo compramos, vale, pero seguimos apostando por el pequeño producto y no por la concentración en grandes marcas o cadenas. Actitud política de consumo, ahí es nada.

¿vosotros qué opináis? ¿soleis comprar a productores locales?

La manera de cocinar, los utensilios

Otro tema importante para mi es la forma de cocinar los alimentos. No pienso ni hablar del tema del microondas no tanto por la tecnología sino por lo que representa: lo rápido, insípido, inmediato, aquello de “lo quiero ya”.

¿no sentís que se ha vuelto a valorizar el momento de cocinar? Me refiero como disfrute en sí mismo de ese momento y no como tarea, como acción placentera y no como “lastre” ineludible.

Personalmente siento que he recuperado el valor de cocinar, de dedicar el tiempo a cocinar y disfrutar de ello. Ahora unamos todo: buenos utensilios, tiempo para cocinar y tiempo para disfrutar la sobremesa.

Hablando con una amiga del tema de la crisis que hemos vivido y seguimos viviendo la mayoría de personas en España nos da la sensación de que hay una revalorización de los buenos utensilios. Tengo muchos amigos hartos por ejemplo de comprar sartenes baratas que han de cambiar mínimo dos veces al año, yo mismo lo hacía.

Quizás el hecho de no salir fuera tanto como antes, de estar más en casa, nos ha hecho ver el valor (al menos a las personas sensibilizadas con la cocina) de las buenas cosas. Ojo, no hablo cosas caras sino de buenos utensilios de materiales nobles.

Cocinando con mis sartenes (son de hierro)

Hace tiempo que me convencí que tenía que invertir en buenos utensilios, de esos que te hagan encariñarte con ellos. Mis básicos de cocina son dos sartenes de hierro, una olla de acero inoxidable grande para la pasta y una Cocotte que es lo único que considero mezcla de lujo y capricho. Pero como la disfruto 😉

Y reconozco que soy muy conservadora: amos los utensilios de madera.

Aprender y re-aprender a cocinar

Pero si es que cocinar es un placer. Vale mi generación, yo misma, reconozco que he negado la cocina como aspiración. La he visto siempre relacionada con una generación de amas de casa con la que no quería identificarme.

En fín, ahora somos adultos y no sabemos cocinar con el arte y la gracia de por ejemplo mi abuela o mi madre. Y ahora es tarde. Pero nos queda internet.

Soy lectora y asidua practicante de las recetas de blogs españoles como Zer0gluten (lamentablemente ya offline), Webos Fritos, Pasen y Degusten, Falsarius Chef (me encanta) y Robin Food. También tengo raices italianas y la pasta me tira muchísimo.

Con esto quiero decir que me gusta la cocina mediterránea típica, la que me preparaban mis abuelas y que mi madre heredo. Ahora quiero aprender y agregar toques propios aprovechando las oportunidades que tenemos al alcance de la mano.

Como sabéis siendo una cierta atracción por la cocina vegana aunque no lo soy. ME gusta probarlo todo sobre todo para aprender a sacar partido de los sabores.

Juntarnos a comer

Muchos amigos organizamos alguna comida en casa al menos una vez al mes. No queremos perderlo, allí también compartimos el espacio de la cocina y la charla, el buen vino, el aprender a interpretar nuevos sabores y vovler a aplicarlos en nuestra cocina diaria.

Si habéis llegado hasta aquí (¡vaya parrafada he creado!) supongo que tendréis un punto de vista similiar. Me encantaría leerlo. Os invito a dejar comentarios ¿volvemos a los orígenes en la cocina?

Besos y hasta la próxima